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Two Seas: Una aventura Transpirenaica

Llevaba mucho tiempo queriendo completar una aventura como esta: La Transpirenaica...!
Siempre escuché hablar de ella... Muchas veces.
Y es cierto que no me faltaron ganas de hacer tan atractiva ruta.
Pero también es cierto que siempre nos ponemos una excusa.
¡Algún día lo haré!
Esta la excusa más sencilla que uno se repite a menudo.
La siguiente es... ¡no tengo tiempo!
Solucionable en la mayoría de los casos
Y la tercera y no menos importante: ¡no tengo dinero!
Pues manos a la obra con el ahorro.
Pero aun así parece que nos acomodamos a nuestra vida cotidiana y dejamos malgastar el tiempo sin darle valor hasta que un día te das cuenta que precisamente “el tiempo” es el que no regresa.
Pero, hace muy poco, una suculenta oportunidad se cruzó en mi camino: Emilio de Tenere Adventur Spain.
Ellos fueron los causantes que en Julio de este inolvidable año 2020 tomase la decisión de realizar la Transpirenaica Off Road.
Y me convertí así en su primera clienta trailera, uniendo dos mares, el Mediterráneo y El Cantábrico, a traves de nuestros mágicos Pirineos.
Una ruta 50% Off y 50% asfalto a lo largo de seis dias repletos de aventura, esfuerzo, paisajes inimaginables... y muchas horas de moto y diversion pura...!
Os la vais a perder...?



Dia 1: De Cadaqués al Pirineo de Gerona

Los días previos no paraba de hacerme preguntas,
- Conseguiré acabarla?
-Me adaptaré a la Yamaha Tenere 700?
-Será difícil la ruta?
El tiempo parecía pasar a cámara lenta y yo me repetia las mismas preguntas una y otra vez.
Cuando, de pronto, me encontré sentada en la Teneré.
Por fin llegó el ansiado día... y la aventura solo había hecho que empezar.
Miré de reojo y vi las caras de emoción y felicidad de mis compañeros, Emilio, Ivan y Jaime.


Un último vistazo al GPS, cascos abrochados, guantes puestos y... Brummm...!
El dulce sonido de la aventura tintineaba en mis oídos
       


Seguimos por una tortuosa carretera pegada a la costa mediterránea, que separa Cadaqués del Cap de Creus donde nos familiarizamos con "las Tenerés" en pocos kilómetros.
Y vaya que sin nos familiarizamos...!
Las vertiginosas vistas al mar tintado de azul turquesa y las reviradas curvas ya hacían presagiar una buena semana, tras las fotos de rigor en el faro de Creus.
Un largo almuerzo cargado de risas y emoción hicieron que nos compenetrásemos amigablemente.



Día 2: hacia Ribes del Freser

El reloj ya no se detuvo ni un minuto y amaneció un día radiante.
Pusimos rumbo hacia a Ribes del Freser en pleno corazón del pirineo de Gerona, una etapa donde sorprende gratamente el cambio de paisaje de nivel del mar a casi mil metros de altura donde una mezcla de coníferas, hayedos, robles y un largo etcétera no te dejaban  indiferente por su verdor.


Pasada media mañana unos nubarrones descargaron con ganas sobre nosotros haciendo que desapareciese el polvo de los caminos y aumentando considerablemente la velocidad por pistas.
Fué como si el frescor del agua nos hubiese inyectado adrenalina por vena.
Ya no importaban las piedras, los charcos, las ramas sueltas, ni si quiera la lluvia torrencial mojando nuestros cuerpos. La Tenere y nosotros podíamos con todo y así de calados y emocionados llegamos a Ribes del Freser acabando la segunda etapa.





Día 3: El Pic Negre

En la tercera etapa nos adentraríamos en lo más profundo del pirineo Leridano y Andorrano llegando a coronar el famoso Pic Negre a 2642 m de altura.
Emilio nos contó la etapa en el desayuno y la verdad, estábamos emocionados.
Una vez más arrancábamos las motos para cruzar esta vez los valles de Cerdanya y Valira.



Era un día soleado y el olor a pino penetraba hasta lo más profundo de nuestros pulmones, mientras varios ríos cargados de agua nos acompañaban junto al camino. Nos sentíamos observados por la fauna autóctona a nuestro paso.
Una parada técnica para reponernos  ya hacía suponer que se acercaba la gran subida al Pic Negre
Una, por la falta de vegetación y otra por su pronunciada y escarpada subida
Un par de tragos de agua que llevaba en el camelback me hidrataron para continuar, pero a medida que iba subiendo la cosa se iba poniendo fea. Roderas, mucha piedra suelta... más que un camino trailero se asemejaba a uno endurero. Cogí aire y aceleré: había llegado la hora de pelear juntas la T7 y yo...!
Así que yo misma me iba gritando dentro del casco,
-Vamos acelera!!!
-Vamos que tú puedes!!!
-Vengaaaa Anaaaaa!!!
Una gran rodera me obligo a pasar por el lado derecho y resultó ser una trampa llena de piedras sueltas. Mi indecisión hizo que perdiese velocidad, con el resultado de una caída inminente.
Me llené de rabia, levanté la moto con ayuda de mis compañeros... y nada mas subirme, aceleré sin parar hasta la siguiente plataforma.
Ya solo quedaban los últimos 300 metros.
Pero cuando miré hacia arriba lo tuve claro: ¡¡¡¡¡YO NO SUBO...!!!!!
A continuación, bajaron cuatro motos, dos BMW GS 1200, una KTM 990 y una Royal Enfield Himalayan.
Al vernos parados en la plataforma, estacionaron junto a nosotros e intercambiamos impresiones y nuestras sensaciones. Nos animaron mucho  y nos dijeron que era más sencillo de lo que a primera vista se veía desde donde estábamos.
Mientras charlabamos, me armé de valor, arranqué la moto y sin mediar palabra empecé a subir solo pensando en llegar cuanto antes.
Cientos de piedras volcánicas sueltas me acompañaron hasta la cima y cuando llegué me dije a mi misma:
-¡Impresionante...!  ¡El esfuerzo ha merecido la pena..!


La vista no alcanzaba para ver la inmensidad que desde allí arriba se vislumbra.
Los 2642 m de altitud me hacían sentir literalmente diminuta y a juzgar por las caras de mis compañeros... ellos también sentían lo mismo.



Unas fotos para inmortalizar tan mágico momento y un buen rato para sentir la madre tierra a nuestros pies.
Pero teníamos que descender.




Antes de hacerlo y empezar la bajada, en un extremo me pareció ver un letrero y me acerqué por curiosidad.
Lo que son las cosas.
Una larga carta escrita en holandés me llamo la atención y la fotografié para leerlo con más detenimiento llegado el momento. La carta es una emotiva despedida y dice así:

“¡¡¡Pero bueno Ido!!! ¿que nos haces?
¿Como nos dejas aquí con el frio?
Siempre reíamos contigo, eras un tío fabuloso, se nos hace insoportable que ya no estés.
¿Te vienes una vez más con nosotros?
Estamos recorriendo Andorra igual que hace tres años, donde estuvimos los cinco.
En el punto más alto ponemos un recuerdo para ti en nuestro nombr. El vacío que tenemos se calmará entonces, ya que lo viviremos de nuevo.
Ido aquí nos despedimos, pero sin duda nos volveremos a encontrar.
Nosotros tampoco tenemos vida eterna y cuando llegue el momento de marcharnos, procura tener las motos listas. 
Hemos bebido muchas cervezas juntos a salud del futuro. 
Desgraciadamente te has ido demasiado pronto y tenemos que seguir sin ti.
Poco a poco se ira nuestra tristeza, pero nunca te olvidaremos.
En memoria de: IDO AKVELD."


DIA 4: La pista de Ruego

En la cuarta etapa recorrimos el tramo entre Vielha hasta Bielsa en pleno pirineo Aragonés donde pudimos disfrutar las pistas del Ruego y de la Estiva.
En cada rincon, en cada curva, se podía parar y hacer miles de fotos...!


Sigue asombrándome la vegetación del lugar.
Miles de diminutas flores forman manchas amarillas a lo lejos y desde el cielo me siento observada por varias rapaces que se sustentan por las térmicas y me hace gracia ver como las marmotas corren junto al camino queriendo echar una carrera junto a mi moto.


Tras una agradable comida iniciamos la pista del Ruego.
Una pick up 4x4 paró a nuestro lado para avisarnos que la pista está muy rota por las lluvias torrenciales de las semanas anteriores.
Todo eso me prepara para ponerme en sobre aviso y pienso... ¡¡¡Empieza la fiesta!!!
El primer tramo parece no estar muy mal y decido quedarme la última casi vaticinando lo que está por llegar El corazón me empieza a latir rápidamente cuando veo el estado de la pista. De nuevo me pongo a hablar (o más bien a perjurar) en voz alta dentro del casco.
Cada tramo iba empeorando al anterior y unas grandes roderas llenas de piedras sueltas me hacen estar cien por cien concentrada practicamente la pista completa. Pero consigo superarlo hasta el final.
Emilio, Jaime e Ivan me esperan a escasos metros de un vertiginoso barranco con una pared vertical mirando al  norte con 2631 m de altitud, que para mí sin duda las vistas más  abruptas de todas las etapas donde no faltaron las bromas, risas y un merecido descanso.







Completada la pista del Ruego iniciamos La Estiva, algo menos rota.
Las curvas de herradura en su ascenso se sucedían en un sin parar y las vistas aéreas producían una cierta inquietud al mirar donde terminaban.
Tengo que admitir que para evitar verme espachurrada al fondo del precipicio iba tarareando el estribillo de Fander AC/DC en voz alta y de esta manera no pensar en lo que podía ocurrir si tomaba la trazada equivocada.
Finalmente llegamos a la base de un nevero espectacularmente verde, donde un rebeco se cruzó ante nosotros extrañado por nuestra presencia y decidió mantener las distancias.
El silencio era absoluto y nos quedamos mudos, cada uno de nosotros nos sumergimos en un profundo pensamiento.


Espontáneamente, buscamos un rincón lo suficientemente apartados para respetar nuestra tranquilidad.


Para nuestro pesar, se rompió esa quietud por unos mosquitos devoradores que eran capaces de chupar nuestra sangre a través de la resistente ropa endurera,  haciendo que saliésemos despavoridos de aquel precioso lugar.



Tal fue así que olvide desconectar el ABS con el resultado de otra caída en la pronunciada bajada sin mayor importancia que la del orgullo personal.

Dia 5: Ordesa y Cañon del Añisclo

La quinta etapa comprendía la distancia de Bielsa a Jaca pasando por el cañón de Añisclo, pista de Buesa (mirador de Ordesa) y Embalse de Lunuza.
Amanecía con un sol radiante y estábamos algo perezosos.
La suma de los días junto con los kilometros recorridos y el esfuerzo ya se iba notando.
Un buen desayuno, un buen engrase de cadenas matutino y un buen llenado de depósitos y camelbacks nos hizo poner rumbo al cañon de Añisclo,  por una preciosa carretera de amplias curvas.
Nuestra sincronización era perfecta. Las cuatro Teneres parecían querer bailar al mismo compás como si fuese una sola moto. Con solo un gesto  ya sabíamos lo que queríamos decir cualquiera de los cuatro.
Era una compenetración perfecta resultado de muchas horas rodando juntos.
De pronto como si en un túnel del tiempo me encontrase,  mi corazón se sobrecogió, no podía asimilar tanta belleza al mismo tiempo y no pude evitar emocionarme bajo el casco.
Pocos sitios hay para parar e inmortalizar el cañón, pero finalmente lo conseguimos en una curva con algo de espacio, Ivan también estaba emocionado y solo nos quedó grabarlo en nuestras retinas ya que ni las fotos ni las imágenes hacen justicia a tan escarpado acantilado.



De nuevo desconectamos ABS para subir por la pista de Buesa y una vez arriba, un gran rebaño de vacas nos miró con cara de pocos amigos, haciendo que siguiésemos la ruta hasta el final de la pista para seguir a pié hacia el mirador de Ordesa.



Estábamos cansados y hacia bastante calor, pero el espectáculo natural que allí nos esperaba mereció mucho la pena.
Yo no podía dejar de fotografiar todas las flores silvestres que tanto me recordaron a mi infancia en Suiza. Campánulas y Botón de Oro.



Pero sobre todo la famosa flor de "Edelweiss" que nunca tuve el privilegio de ver en directo.


Mas tarde, me asomé al fondo del mirador e imaginé sobrevolarlo  a vista de pájaro. No hay palabras.


Nos costó mucho marcharnos de tan espectacular lugar.
El silencio,  la soledad y el aire puro que allí se respiraba nos dejó paralizados a los cuatro una vez más.


La bajada fue rápida y divertida y continuamos dirección embalse de Lanuza que la rodeamos en su totalidad.


El verano nos regalaba su color más bonito, acostumbrada a ver Panticosa de blanco ahora podía disfrutarlo de verde y azul turquesa y las dos ruedas nos permitían conocer sus rincones más ocultos.


Dia 6: de Jaca a Hondarribia

En la sexta y última etapa recorreríamos la distancia de Jaca a Hondarribia pasando por los valles del Roncal, Baztán y Salazar.



Las grandes montañas fueron desapareciendo poco a poco pasando a ser extensos valles verdes sin dejar de perder armonía ninguna.


Por la mañana Emilio bromeó con el hecho de no haber pinchado ningún día y como si el mismísimo demonio lo escuchase... ¡plaffff...¡ Reventón de la rueda delantera de Jaime en lo más alto de una pista.
A pocos km nos esperaba la furgoneta de apoyo para hacer el cambio de moto continuando así la ruta.
Grandes montones de pinos cortados aromatizaban el aire a nuestro paso.


Y las nubes bajas se iban atascando en la montaña haciendo que un gran manto blanco las cubriese en poco tiempo.


De pronto una de las  motos se le antojó pedir más combustible en un camino cerrado por vegetación,  como si el mismísimo destino hubiese querido que allí nos quedásemos.
Era un camino que bordeaba la selva de Irati y bien podías imaginarte ser protagonista de un cuento de Elfos.


Pocos rayos de luz pasaban en aquel lugar y el musgo se apoderaba de troncos y piedras invadiendo todo el espacio, así que aprovechamos el momento  en un claro lleno de troncos de haya cortados  para tomar aliento y descansar.
Los días y kilómetros junto con las subidas y bajadas de adrenalina ya nos iban haciendo mella.


Solucionado el tema del combustible continuamos la ruta donde nos sorprendió un gran rebaño de ovejas y alguna que otra yegua enfadada defendiendo sus potritos.


El camino era intransitable por sus grandes roderas, pero aun así no quedó más remedio que continuar, un ligero despiste hizo que me colase en una de ellas aterrizando varios metros por delante, por suerte no me paso nada y a la moto tampoco.


La verdad es que estabamos muy cansados y a la minima excusa, cualquier percance se aprovechaba para tomar un respiro.


Pasada media tarde y tras saborear el autentico Pais Vasco, llegábamos a Hondarribia consiguiendo así unir los dos mares y dando por finalizada la traspirenaica pero no el viaje.
La emoción era palpable en cada uno de nosotros y un merecido baño en el frio Cantábrico volatilizó nuestro acusado cansancio.


Varias fueron las ocasiones que tuve de conocer los pirineos, pero jamás desde su interior.
Y es que una pequeña muestra de varios lugares de nuestro planeta tierra se esconden en sus rincones, enriquecidos por su flora y su fauna.
Un espectáculo de colores, olores y sonidos para enriquecer nuestra alma.
Al día siguiente me despedí con una gran pena por dejar atrás tan fantástica semana de aventura Off Road con mis tres compañeros de fatiga, pero con la gran satisfacción de haber conseguido un gran reto personal con ayuda de la gran T7 que ha podido con todo!!!



Os dejo con el video resumen, cortesía de Tenere Adventur Spain.
Y... espero sinceramente que hayais disfrutado leyéndome.
Tanto como yo contándolo.
Buenas Rutas...!
😎😎😎😎


Una aventura original de Ana Van Der Sluis

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