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Un día de furia... O no.


Hace más de una docena de años contraía matrimonio en la capital del reino.
Los vecinos del barrio habían prácticamente desaparecido, seguramente para disfrutar de tan magnífico día de final de verano.
Ya saben ustedes... Esa luminosidad tan especial que sólo se ve por estos lares.
Una zona residencial, tranquila, en el populoso Madrid del nuevo Milenio.
Un barrio donde las máximas preocupaciones de la gente son la marcha de la economía, la educación de los hijos, la salud de su familia, que si "el Madrí" ganará la liga este año...
En definitiva, unos vecinos que se preocupan por lo que todos los españolitos de a pie: pagar la hipoteca, cuidar de los hijos -cuando los haya- e intentar progresar (o mantenerse a flote) en esta locura maravillosa que llamamos vida.

La ceremonia se celebró al final de una amplia avenida, de este barrio donde al parecer decidí echar raíces. Una avenida... rara, propia de un barrio residencial urbanizado en los sesenta. 
Una avenida que finaliza en una "T" cuyos dos ramales se dirigen, uno a una parroquia de barrio y otro, cruzando la M-30 a escasos 500 metros, hacia otro barrio residencial, de similares características a las del descrito.
En ese lugar (hace ahora también más de una docena de años y escasamente unos dos meses después de mi feliz cambio de estado civil) unos Patriotas Vascos -auténticos luchadores por la libertad de un pueblo oprimido- asesinaron a tres personas e hirieron a unas setenta mas.
Entre ellos, por ejemplo, podría haber estado mi sobrino, que acudía a un colegio un poco mas allá. 
O incluso yo mismo, que solía pasar por la calle cuando hacía un poco de trote cochinero (ahora se llama running) para desentumecer las piernas.
En esa misma calle, un colega todavía en "estado de gracia(soltero) tenía su leonera.
Alguna noche cenábamos en su casa con otro par de pájaros.
Nada extraordinario.
Un picoteo, unas birritas, algún güisquete de vez en cuando como anécdota.
Un partidito del Madrí, un video de boxeo, alguna carrera de amotos...
Y lo inevitable, en esas situaciones.
O sea, hablar de negosios y de las jais.
Pero aquella mañana… aquella mañana de ahora hace casi trece años, a mi colega le volaron el coche.
Y un poco más y le hubieran volado las pelotas: Por pura suerte, antes de ir hacia su trabajo, decidió acercarse a ingresar unos talones a la sucursal de Caja Madrid (la ahora Bankia), un par de esquinas mas arriba.
Hoy en día todavía lo cuenta con sorna, cuando alguna vez nos tomamos una caña juntos.
“Siempre le estaré agradecido a Bankia”.
Acto seguido, le suele dedicar un brindis y se casca lo que tenga entre manos en ese momento.
Y eso que fué uno de los que -años mas tarde-  invirtió en preferentes.
Pues todavía brinda por Bankia.
Fíjense ustedes.
Recuerdo ese día, cuando conseguí dar con él, tras la conmoción del atentado. 
Todavía le temblaban las piernas, al pobre.
No. No me olvido de ese día. 
Podría haber sido yo uno de esos desgraciados.
Manda güevos. 
Venirte a vivir a la capital del Reino, cambiar de vida y que te destripen un día cuando estás haciendo running... ¿Ehe?
Siempre suelo enfocar estos menesteres de una manera desapasionada, aunque a veces de cara a la galería convenga aparentar lo contrario.
Pero, mi mentalidad decididamente retorcida, me lleva una y otra vez a preguntar…
¿Porqué…?
No suele haber respuestas. Casi nunca las hay en lo que verdaderamente importa.
Hay que tomárselo tal como viene.
Pero eso es otra historia.
Supongo que con el paso de los años y las circunstancias que vivimos soy más… Mmmmm… si, más desapasionado.
Ciertamente, abordo algunas cuestiones con una "pose" (al tanto con las comillas) mucho más racional, madura y analítica. 
O eso me parece, aunque a veces no las tenga todas conmigo.
Pero en aquel entonces…
Sabía que la espiral de la violencia es difícil de detener cuando se pone en marcha.
Sabía que en un paradigma político-económico cambiante como el que teníamos en este final-principio de milenio, los rostros del Nazionalismo Salvaje (ó Estalinismo Curativo) no son mas que unas de las muchas caras de la hydra monstruosa del Totalitarismo.
(ahí queda eso)
Sabía que la mezquindad anida en el corazón de los hombres desde hace miles de años.
Pero… ¡Amigo…!
El horror... el horror tiene olor. 
Y colores. Colores muy vivos.
Y sabía que el horror cuando se te descubre, te evidencia muchas cosas.
De repente, te vienen unas detrás de las otras todas esas preguntas importantes que nunca han tenido respuesta.
Y te das cuenta de lo pequeño e insignificante que eres. De lo corta que es tu miserable vida. De lo vulgar que eres, pese a todo, por tu propia condición de humano.
Sabía… 
Me daba cuenta… 
Comprendía...
Pero... de todas formas, tampoco hacía falta ni ser ni un lince ni un erudito para ver verdaderamente lo que había detrás de todo esto. 
Por mucho que se intentara disfrazar de "reivindicación histórica", "quinta guerra carlista" ó "ámbito vasco de decisión".
Sólo había que escuchar atentamente.
No resultaba muy difícil.
Hoy, sin ir mas lejos, voy a sentarme con mi hijo debajo de un viejo álamo cercano a mi casa, en un antiguo parque de la ciudad. 
Con un poco de suerte se acercará un mirlo a endulzarme el atardecer con su canto alegre.
El susurro del árbol centenario mecido por el viento, hará desaparecer probablemente la indignación cuando -sin querer- mire hacia la dirección donde, hoy, hace casi trece años que se fundieron a tres desgraciados y estropearon la vida a una veintena más.
Las cosas han cambiado mucho.
Supongo que me encogeré de hombros, suspiraré y seguiré jugando con mi hijo, que es lo que importa.
Pero no dejará de recorrerme la espalda un ligero escalofrío.
Yo podría haber sido uno de aquellos desgraciados.
Y supongo también que mucha gente también se preguntará…
¿Para qué…? 
¿De verdad fué necesario?
La vida sigue, que le vamos a hacer.
Y como decía el filósofo... "desgraciadamente la perdición del hombre es el olvido."
Probablemente -atento al correteo de mi retoño (que menudo bribón está hecho, el jodío)- ni siquiera llegue a mirar hacia allí.
O si lo hago, ni siquiera recuerde nada de lo que pasó entonces.
Que le vamos a hacer.
La vida sigue.

2 comentarios :

  1. Trasteando por el foro de los patarranes, me he encontrado con ello, ¡oye!.
    Me lo he leído un par de veces con calma y "mese" han puesto los pelos cual escarpias.
    Bello, expresivo, sincero, y estremecedor relato, maese patarran.
    ¡Te felicito por ello!.

    Atentamente: La Cananas.

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  2. Muchas Gracias, "La Cananas"
    ;-)
    Me alegro de que te guste.
    Asi fueron las cosas... y asi las hemos contado.
    O por lo menos "asin las sentimos".
    Un abrazote, Figura.
    ;-)

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